5:25, bien, a ver, a ver cómo llego a la p…cuesta

7:12, 7:25…por mis h… que no me pongo a andar, hoy no, hoy la subo…

Ésa era yo, hace pocos meses.

Bueno, éso era mi exigencia

¿Correr era “mi momento”? ¿Mi “aquí y ahora”? … o ¿Mi huida?

Me he hartado de explicar cómo correr por el monte, libera.

Que no deja sitio para nada más. Que éso si que es “slow” del bueno

Porque no cabe más que pensar dónde va la próxima zancada y memorizar las piedras para la bajada.

Tu videojuego particular.

Pues yo, en algún punto, lo convertí en

algo diferente. ¿Suplir carencias? ¿Llenar huecos?… ¿Os suena?

Y cuando andas perdido, reza para que la vida se encargue en ponerte en tu sitio.

Tienes un toque, dos, tres… Una caída. Un metatarso roto…alguna “gotera” que achacas a la edad… (oye, ¡qué también!)

 

No escuchas el “¡Ana, ¡qué no es por ahí!” porque andas demasiado ocupada. Demasiado cansada.

Y las cosas cambian. Afortunadamente.

12 de julio de 2017. Sola en urgencias después de una semana sin entender qué me estaba pasando. Ese día ya no podía andar. A las 2 de la mañana me estaban hablando en chino, diciendo que me preparaban para ir al quirófano, que tenía el cuello del fémur roto. Como por arte de magia. ¿Magia?

La semana pasada hice el mismo recorrido de “La cuesta maldita”.

Árboles y rocas que apenas me sonaban. Me fijé en los cuatro o cinco senderos que seguían a otros lados.

¿Y qué más?: ¡Qué disfruté!

Cero presiones. Fuera reloj.

Por ahora, es el comienzo de este blog.

Sin exigencias.

Hoy, los que hayan llegado leyendo hasta aquí, que piensen cuántas exigencias han descubierto que tienen.

Que cada uno piense en las suyas, y compruebe cuántas señales ha tenido ya.

¡Ah!, qué si, que ya llevas unas cuantas … ¿y qué vas a hacer al respecto?

 

 

Si quieres, me lo cuentas.

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